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IMPORTANCIA Y RAZÓN DE SER DE LA ESCALA DE COMPLEMENTO EN LOS EJÉRCITOS

Francisco Ángel Cañete Páez
Comte. Infª de Complemento, Ldo. en Ciencias Empresariales, Profesor Mercantil

Los ejércitos, en la sociedad europea prerrevolucionaria, estaban compuestos en su mayoría por mercenarios y por levas de recluta forzosa, con una incidencia casi generalizada en el campesinado y en los más bajos estratos laborales. Es evidente, que tales contingentes de tropas, no necesitaban de un alto nivel de formación y preparación castrense, siendo su premisa definitoria, la de una disciplina férrea, -cuya vulneración era normalmente corregida con castigos corporales- y una obediencia ciega al mando. En caso de crisis o graves conflictos bélicos, se ampliaba la leva, con nuevas y masivas incorporaciones a filas, y una vez desaparecida la contingencia se procedía a su licenciamiento. La oficialidad, que ejercía el mando de estas tropas, procedía normalmente de la nobleza y de la aristocracia, y estaba dotada de un alto estatus social.

Los despachos de empleo los expedía el Rey, Jefe y Soberano de sus Reales Ejércitos. Pero este esquema se derrumba a partir de la Revolución Francesa y se oscurece definitivamente a lo largo del siglo XIX, sobre todo, a partir de las victorias de Prusia sobre Austria en 1866 y sobre Francia en 1870-71. Un nuevo concepto de "ejército de masas " o "pueblo en armas " había surgido y tomado carta de naturaleza en los ejércitos nacionales de la vieja Europa.

La defensa de la Nación, a partir de ahora, ya no iba a estar en manos de mercenarios o soldados de fortuna (aunque se contase con unidades de tan elevado prestigio militar como la Legión Francesa, con un alto índice de extranjeros), sino que serían los propios naturales del país, de cualquier clase y condición (esto sólo en teoría, pues las clases acomodadas, siempre encontraban algún subterfugio o resquicio legal para evitar el servicio militar), útiles para el servicio de las armas, los llamados a desempeñarlo.

Esta ingente masa de soldados, necesitaba a su vez, una amplia y bien formada Oficialidad, salida del seno de unos Colegios o Academias Militares, de rígida formación castrense y gran nivel en cuanto a sus planes de estudios; toda vez que el arte de mover y disponer las tropas sobre el campo de batalla, había evolucionado, en muy pocos años, en forma y manera sorprendente. La nobleza, pues, va cediendo, poco a poco, el paso a una burguesía más o menos acomodada, que aspira a ser oficial de los ejércitos; se suprimen las "pruebas de sangre" para el ingreso en las Academias Militares y el concepto de "noble" en las Hojas de Servicios, de una gran mayoría de oficiales, pasa a ser sustituido por el de "Honrado".

Este "servicio universal", tenía que llevar forzosamente aparejado un amplio y bien diseñado "Plan de Movilización ", que permitiera a la Nación, en caso de guerra o grave confrontación, la facultad de duplicar o triplicar los soldados en filas. Así, lo que sencillamente, y por lo que a la tropa respecta, encontraba solución con una simple llamada a filas de los Reemplazos anteriores, resultaba, no ya perjudicial, sino de todo punto contraproducente, si no se contaba con una oficialidad de Complemento (o de Reserva), suficiente y preparada para mandar a esas nuevas unidades que iban a engrosar los ejércitos.

Oficiales de "Reserva no Retribuida" (Retribuidos sólo cuando estuviesen movilizados o prestando servicio activo), que una vez pasada la crisis, serían desmovilizados, volviendo a sus ocupaciones civiles, quedándoles el reconocimiento de la Nación, el honor de ostentar las condecoraciones ganadas en las y el poder vestir el uniforme de oficial en días de gala o de Fiesta Nacional.

A este tenor, podemos afirmar, que es difícil encontrarnos hoy con un país moderno e industrializado que no cuente en su organización militar, con un sistema actualizado, capaz de lograr en breve plazo la movilización de todos sus medios y recursos, ante la contingencia de una agresión exterior o de una. situación catastrófica interna.

Pues bien, es evidente que cualquier país que haya previsto tal contingencia sabe que para hacer posible el funcionamiento correcto de ese magno aparato defensivo, es preciso contar con un armazón sólido de oficiales de carrera procedentes de la Enseñanza Superior Militar, junto a unos Cuadros de Mando de Complemento, que tengan capacidad suficiente para mover y coordinar a esa gran maquinaria.

A este respecto, no se puede olvidar lo mucho que cuesta a una Nación mantener en tiempo de paz y en situación de actividad permanente, los efectivos militares precisos para hacer frente a una potencial confrontación, así como a las múltiples amenazas que gravitan sobre un país en esta época incierta que nos ha tocado vivir. Ello no sólo supone un enorme sacrificio economico, sino que podría descompensar en alarmante modo la correcta administración de sus recursos con la consiguiente repercusión negativa en el en torno de su economía.

Es por ello, que los ejércitos de hoy deben contar, junto a una nómina reducida y selecta de oficiales de Academia, con unos jefes y oficiales de Complemento (o de Reserva), que sin poseer la alta formación militar que se imparte en las Academias, sí estarían, sin embargo, en óptimas condiciones dada su formación universitaria- de asimilar en breves cursos y prácticas de perfeccionamiento, los conocimientos básicos inherentes al ejercicio del mando, para que llegado el momento y en horas de grave crisis para la Nación, puedan ejercerlo normalmente en unidades tipo Sección y Compañía y accidentalmente -según las vicisitudes de la Campaña-, el de Batallón.

En resumen y como colofón podemos afirmar que bajo la denominación genérica de Oficiales de Complemento (o de Reserva) se aúnan o aglutinan en todos los ejércitos, dos clases de situaciones militares no siempre bien definidas aunque claramente diferenciadas. De un lado, y como se ha visto, esta oficialidad complementa, en tiempo de paz, y con carácter transitorio los cuadros permanentes de la oficialidad profesional (sobre todo en el mando de las pequeñas unidades), y de otro, ya en la vida civil, tiende a su perfeccionamiento mediante la cíclica actualización de sus conocimientos militares, lograda a través de su asistencia -normalmente voluntaria- a cursos, prácticas, seminarios y conferencias militares, que le van a capacitar para el ascenso a empleos superiores y en caso de movilización pasar a formar parte, con garantías de eficacia, de ese importante "coeficiente multiplicador" de Oficiales de Academia, que permita cubrir, entre ambos, los cuadros de mando del ejército movilizable.

Como ejemplos relevantes de la importancia de esta oficialidad podemos señalar que, durante la Primera Guerra Mundial, Alemania movilizó a unos 167. 000 Oficiales de Complemento, junto a unos 35.000 oficiales profesionales con que dio inicio a la guerra. De igual forma, Francia, encomendó, desde un principio, el mando de las pequeñas unidades de su ejército a Oficiales de Reserva, llamando a filas a 128.000 oficiales de esta clase, cifra que fue aumentando, -según se iban produciendo bajas- a lo largo de la campaña; proporciones más o menos similares, según sus efectivos y capacidad combativa, fueron empleadas por el resto de las naciones contendientes.

Durante la II Guerra Mundial, los ejércitos de las naciones en litigio, nutrieron con profusión sus unidades con Oficiales de la Reserva, destacando, por el alto número empleado de esta oficialidad, el ejército de los Estados Unidos, con figuras tan relevantes como la del malogrado Presidente Kennedy y la del famoso actor James Stewart, que combatieron por su Patria durante la contienda, alcanzando éste último la alta graduación de "General de una estrella" del Ejército de los Estados Unidos. Hoy día, dicho ejército, sigue manteniendo una eficiente y numerosa Oficialidad de Reserva, tanto en tiempo de paz como preparada para caso de movilización, alcanzando una proporción de cinco oficiales de esta clase por uno procedente de la Academia Militar de West-Point. Cuando redacto estas líneas (primeros días de mayo del presente año), me llega la noticia de que, con motivo de las operaciones militares aéreas que la OTAN esta llevando a cabo en la conflictiva zona de los Balcanes, el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, ha ordenado a su Departamento de Defensa la inmediata movilización de 23.000 oficiales de Reserva, sobre todo pilotos y técnicos del ejército del aire; efectivos que se verían sumamente ampliados con oficiales reservistas de Infantería, si se ordenase una intervención terrestre en dicho territorio de la antigua Yugoslavia; semillero de discordias, guerras, atentados y masacres desde hace más de nueve siglos.

En los umbrales del Siglo XXI, cuando todas las naciones tienden a garantizar su defensa mediante alianzas y tratados de carácter supranacional, en los que España ya ha demostrado su valía, mediante el envío de sus mejores tropas a distintas partes del mundo en misiones de paz y solidaridad, es lógico que los ejércitos tiendan a su reducción, utilizando medios mucho mas técnicos y avanzados, que no le resten, sin embargo, operatividad en cuanto a su capacidad defensiva. Puede que hayan cambiado los dos grandes bloques antagónicos que han venido configurando el esquema de una posible agresión mutua desde el final de la Segunda Guerra Mundial; pero sería de todo punto ilusorio el pretender que vivimos en un mundo idílico y que el odio y la agresión han desaparecido del planeta. (Desgraciadamente sólo tenemos que encender el televisor para damos cuenta de la verdad de este aserto).

Los ejércitos nacionales, reducidos y altamente tecnificados, han de contar en el tiempo presente y sobre todo, en el tiempo por venir, de unas RESERVAS eficientes, preparadas y cíclicamente recicladas en el conocimiento y manejo de las nuevas armas y en las nuevas tecnologías, para que puedan seguir siendo eficaces reductos disuasorios contra posibles amenazas que pudiesen acechamos en este mundo inquieto finisecular que nos ha tocado vivir.

Y es ahí, donde la OFICIALIDAD DE COMPLEMENTO y los militares españoles en RESERVA, profesionales de nuestras Fuerzas Armadas, tienen mucho que decir y mucho que aportar a la Institución Militar. España -el Ejército español- no puede permitirse el lujo de ignorar ese inmenso caudal de experiencia y saberes militares que atesoran esa nutrida nómina de militares de vocación y corazón, que hoy forman en la reserva de los ejércitos de España. Hoy resurge de nuevo en nuestro Ejército la oficialidad de Complemento. La nueva "Ley de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas", que en el momento de redactar este artículo acaba de ser aprobada por las Cortes Generales y está a punto de ser sancionada por S. M. el Rey Don Juan Carlos I, la contempla con precisión en su articulado. Reaparece (no llegó nunca a extinguirse) con la denominación tradicional que esta oficialidad ha venido ostentando desde su creación en 1918, y con sus ya clásicos empleos de ALFEREZ Y TENIENTE, al que se ha añadido, con muy justo criterio el de CAPITÁN; empleo al que podrán acceder "por elección" los más esforzados y entusiastas de estos oficiales, que verán así, culminada su permanencia temporal activa en las filas de la Milicia, con la satisfacción y el honor de ostentar sobre el uniforme las tres estrella de seis puntas, que distingue a los capitanes de nuestro Ejército.

Y la tarea de los jóvenes universitarios que aspiran al honor de llegar a ser oficiales de nuestros ejércitos en su condición de "MILITARES DE COMPLEMENTO", no se presenta fácil que digamos. Herederos y depositarios del noble legado transmitido por sus antecesores con la solera histórica acumulada sobre su figura con el paso de los años, nuestros futuros Caballeros Aspirantes a Oficial de Complemento, (*) saben que una vez promovidos a oficiales, habrán de esforzarse al máximo, para ser dignos del honor, que un día ya lejano de 1918 les fue conferido a los primeros integrantes de la Escala por S.M. el Rey Don Alfonso XIII, de poder formar parte de las nobles filas del Cuerpo de Oficiales del Ejército de España.

(*) Esta denominación tradicional, se verá ahora ampliada por la de "Damas y Caballeros Aspirantes a Oficial de Complemento"; pues es de suponer que, a partir de las nuevas disposiciones muchas de nuestras universitarias aspiren a ser Oficiales de Complemento en nuestros ejércitos.